Viejo Tintero. Tango Costa Rica.
En Costa Rica, nunca antes se había bailado tanto el tango como ahora.

        Reseña del libro: «Tango, arrabal y modernidad en Costa Rica»
        Del escritor y músico costarricense Mijail Mondol


Con esta reseña procuro inaugurar un nuevo proyecto de difusión de la música y el baile del tango en Costa Rica: el «Tintero» será un espacio para la difusión de artículos, historias y opiniones estrechamente relacionados a la escena costarricense del tango, tanto de mi autoría como de otras personas invitadas. ¡Qué lo disfrutemos!



Por Óscar Retana, 1º de febrero de 2016

«Tango, arrabal y modernidad en Costa Rica»
Del escritor y músico costarricense Mijail Mondol.
Ganador del Premio Editorial Costa Rica, 2015.

Leyendo noticias nacionales, en junio de 2015, me saltó a la vista de sorpresa este titular en el diario La Nación: «Ensayo sobre tango gana premio literario». La Noticia daba cuenta del Premio Editorial Costa Rica, edición 2015, otorgado a un ensayo escrito por el filólogo y músico nacional Mijail Mondol, un estudio que compila y narra la historia de 100 años de trayectoria del tango en Costa Rica, entre los años 1914 y 2014.

Seis meses estuve en ascuas esperando la publicación oficial de la obra, que por fin pude comprar vía Internet en la página web de la Editorial Costa Rica en diciembre pasado.

Aunque apenas de vista conocía a Mijail, sí conocía muy bien su faceta pública de músico como acordeonista del Quinteto Libertango, por sus numerosas presentaciones a las que he asistido y por las milongas locales en que ellos han interpretado música en vivo para bailar. Lo que no conocía era su profesión de filólogo ni sus facetas privadas de historiador y escritor.

Esta reseña no es un resumen del ensayo; es una invitación a que compren, lean y disfruten del libro, compartiendo para ello las reacciones, emociones y opiniones que me surgieron mientras digería sin premura cada uno de los párrafos de este erudito trabajo de investigación de Mijail.

Una Costa Rica entre puritanismo y modernismo (1914 - 1930)

El tango desnudó a una Costa Rica conservadora y puritana en las primeras décadas del siglo XX. Y aunque hayan habido muchos cambios en formas y fondos, creo que seguimos y seguiremos siendo así, porque ese es el legado “moral” de una religión que nos fue impuesta siglos antes y que ha permeado en nuestra idiosincrasia y leyes.

Al igual que en muchas otras latitudes, en nuestro país el tango fue considerado por puritanos y conservadores como un símbolo de “degradación” y “barbarie”, una “danza de grotescas contorsiones” y “saltos ridículos”, plagada de “desvergonzadas actitudes” que convierte a “nuestras mujeres” en “prostitutas” a quienes deberíamos empeñarnos en “salvarles el honor.” Las anteriores son todas citas textuales de un diario católico nacional de 1914, que nos comparte Mijail en su obra.

Una buena noticia que no menciona el ensayo es que en este momento, por casualidad y suerte para nosotros, Jorge Mario Bergoglio es argentino, su música favorita es el tango y le encanta verlo bailar. Entonces mientras no haya nuevos cambios en las máximas jerarquías eclesiásticas en Roma creo que podemos vivir despreocupados de que alguien en Costa Rica proponga salvar y sacar de nuestras milongas josefinas a tanta desvergonzada.

A contrapelo de estos prejuicios, generaciones enteras de ticos ricos y pobres de esta época se enamoraron profundamente de la música y letras de los tangos argentinos, por motivos muy diversos.

A los más ricos el tango les servía para apropiarse de un imaginario de modernidad liberal importado de la vieja Europa. Y a los más pobres las letras del tango les hablaban de la nostalgia, de la injusticia social, del desengaño, de la traición y del deshonor que identificaban en sus propias vidas en los suburbios josefinos. Para muchos otros, las letras que hablaban de la pampa argentina se convertían en historias de las sabanas guanacastecas; las desventuras del gaucho argentino en las del solitario sabanero nicoyano.

Caña dulce. Música compuesta por José Daniel Zúñiga y letra por José Joaquín Salas Pérez.
A falta de algún género autóctono, quizá por la misma carencia de una identidad nacional fuerte, el tango se infiltró en el imaginario de la cultura costarricense como algo “propio” gracias a su masiva popularización por medio de la radio, ese maravilloso nuevo invento en boga en los albores del siglo XX.

Rápidamente las bandas militares del país incluyeron tangos en sus repertorios. En las clases de música en escuelas y colegios se enseñaban tangos, no porque así lo quisieran los profesores, sino porque lo pedían los estudiantes. ¡El tango era la música de moda, un símbolo de modernidad en el imaginario público urbano!

En el año 1928 las autoridades celebran el primer Concurso Nacional de Composición. Resulta revelador que un certamen enfocado en reconocer la composición de música “genuinamente tica” haya otorgado el segundo lugar a un tango: «Ojos risueños» del compositor costarricense Julio Fonseca.

En su obra, Mijail presenta una compilación que evidencia que entre los años 1914 y 1930 se compusieron al menos 28 tangos en Costa Rica, entre ellos, uno que todos conocemos de memoria: «Caña dulce» (Música: José Daniel Zúñiga. Letra: José Joaquín Salas Pérez).

Fue así, según relata Mijail, como entre la ambivalencia de prejuicios religiosos y el enamoramiento colectivo por el género, la música y las letras del tango argentino se instalaron como algo "propio" en el imaginario de la idiosincrasia costarricense… pero no su baile.

Hoy en día unos pocos clicks en “YouTube” inspiran en cualquiera admiración por el baile del tango. Pero durante la primer mitad del siglo XX la radiodifusión masiva transmitió solo audio, no video, y uno no se puede enamorar de lo que aún no conoce.

El cine, la locura por el tango y Carlos Gardel (1930 - 1950)

La radiodifusión masiva del tango y la presentación pública de algunas películas protagonizadas por Carlos Gardel y otros cantantes argentinos, en los comienzos de la cinematografía, terminaron de consolidar la popularidad del tango en nuestro país.

“La locura de la gente aquí por la música de Gardel, y las películas de Gardel, todo eso fue una locura” dijo alguna vez Carmen Granados, según el material grabado que estudió Mijail.

El tango se convirtió en una mercancía artístico-simbólica, que dio surgimiento local a toda suerte de intérpretes, cantantes, grupos musicales y concursos relacionados con el tango.

El Cuadro de Buenos Aires, primer conjunto criollo de tango costarricense.

Al mismo tiempo, las élites más adineradas de Costa Rica disfrutaban de los espectáculos de tango hechos a su medida en el Teatro Nacional, en el Club Unión o en sus propios recintos privados, por donde desfilaron muchos artistas de la farándula argentina, como  Libertad Lamarque en 1946.

Estas mismas décadas vieron nacer a los primeros grupos criollos de tango, siendo el más reconocido e importante el «Cuadro Buenos Aires» fundado en 1935, que llegó a hacer varias giras internacionales por Centroamérica y México. Su desintegración definitiva fue justo después de la Guerra Civil de 1948, como resultado del exilio autoimpuesto por varios de sus integrantes para “salvar el pellejo” por la persecución liderada por José Figueres Ferrer y el Ejército de Liberación Nacional contra sus adversarios políticos, después de haber ganado la guerra.

De la colectividad a las tanguerías (1950 - 1980)

La mitad del siglo XX marcó el inicio de cambios profundos, externos e internos, en todo el mundo: los poderes políticos, económicos, sociales y culturales se reorganizaron en todo el planeta después de la Segunda Guerra Mundial; muchos países latinoamericanos se hundieron en dictaduras y Costa Rica se refundaba en la llamada Segunda República.

Aquí como en muchos otros países latinoamericanos, paulatinamente el tango dejó de formar parte del imaginario colectivo de modernidad y fue reemplazado por nuevas expresiones socio-culturales: el tango se “boleriza” y también se popularizan nuevos géneros musicales latinoamericanos y provenientes de los Estados Unidos.

Oscar "El Che" Molinari
La historia de tango es un tango. El género deja de ser un fenómeno popular para convertirse en un uno gremial de bohemios, melancólicos y nostálgicos aferrados al pasado. En este periodo tienen auge las “tanguerías”, esos espacios que continuaron reuniendo por muchos años a cantores, músicos y amantes del tango.

La última y más importante tanguería de Costa Rica, y que sobrevivió hasta nuestros tiempos, fue el «Tango Bar» del músico y bandoneonista argentino Oscar “El Che” Molinari. En su honor, Mijail dedica varias páginas de su ensayo a rescatar y narrar la historia del “Che” Molinari y de los casi 30 años de trayectoria del «Tango Bar», lugar por donde pasaron varias generaciones de bohemios y melancólicos amantes del tango, y también muchos reconocidos personajes políticos y artísticos nacionales e internacionales.

La tanguería del “Che” Molinari tuvo una gran particularidad: los cantores éramos del público, uno a uno desfilábamos junto al maestro, quien acompañaba el desafinado canto con los lamentos de su bandoneón. Así lo hizo por casi 30 años, hasta el día de su muerte, el 13 de agosto de 2009.

El “Che” Molinari y el «Tango Bar» tienen para mí una significación y emotividad personal muy importantes: entre 2007 y 2009 fui uno de los asiduos cantores amateur que no faltábamos casi ninguna semana a acompañarnos en nuestra melancolía y nostalgia empedernidas. Si bien hoy en día disfruto el tango principalmente en su faceta bailable, lo cierto es que fueron la música y el canto los que me conquistaron primero. Además, el «Tango Bar» fue cómplice del amor que, en 2009, trajo al mundo a mi primer y única hija.

Tuve la dicha de disfrutar de los últimos dos años de la última tanguería de Costa Rica, y de la música, del bandoneón y de la amistad de Oscar “El Che” Molinari, a quien desde hace varios años tengo dedicada esta página: Oscar “El Che” Molinari.

Ahora se canta menos, pero se baila más (1980 - 2014)

En Costa Rica, en tiempos actuales y desde hace muchas décadas, el tango ya no es aquel fenómeno popular y masivo que enamoró a generaciones completas de costarricenses, ya no lo piden ni se le escucha en las emisoras de radio, sus intérpretes de antaño apenas son recordados por algunos y sus nuevos intérpretes ya no son referentes de la farándula, ya no se aprende a cantar tango en escuelas y colegios, ya no hay ningún tango concursando y ganando premios nacionales de música “genuinamente tica” y ya no queda ninguna tanguería en nuestro país.

Y sin embargo, el tango, en su faceta de baile, está resurgiendo con fuerza en Costa Rica.

El baile de tango es un fenómeno muy tardío en Costa Rica. Probablemente -explican Mijail y algunas personas entrevistadas- el tango que se bailó en Costa Rica durante el siglo pasado fue bastante “abolerado” y con algún estilo muy criollo.

Creo que nuestros citados compatriotas del año 1914 dirían que lo más “obsceno” del tango no es la música ni sus letras, sino sobretodo su baile. Por ello, no me resulta extraño que en nuestra sociedad tan mojigata, ésta haya sido la última faceta del tango en lograr aceptación social.

El renacimiento del tango, en su faceta de baile, no es un fenómeno exclusivo de nuestro país: hoy en día el tango argentino es bailado cada vez más en casi toda ciudad mediana o grande del mundo, en ciudades con culturas muy diferentes a las circunstancias rioplatenses en que nació este género musical a principios del siglo XX.

Los actores nacionales involucrados en el renacimiento del tango en nuestro país son muchos, pero Mijail reconoce en su libro principalmente el quehacer de la compañía y academia Fantasía de Tango, que desde el año 1989 y sin interrupción hasta la fecha ha ofrecido y llevado espectáculos de tango por todo el ancho y largo del país y ha impartido clases de baile a incontables aficionados, en más de 27 años de trayectoria.

También reconoce al grupo de músicos profesionales costarricenses Quinteto Libertango. El propio Mijail formó parte de este grupo durante varios años como su acordeonista, antes de mudarse a Alemania para continuar con sus estudios doctorales en el ámbito de la crítica y la historiografía literaria. Desde el año 1998 este grupo musical hace difusión del tango, inicialmente del vasto legado del gran músico y compositor Astor Piazzolla, pero más recientemente enfocado en la recuperación, arreglo e interpretación de muchos de aquellos tangos genuinamente ticos que fueron compuestos por músicos nacionales entre los años 1914 y 1930.

En el final de su libro, Mijail reconoce también el inmenso trabajo que muchas otras personas están aportando al renacimiento del tango en Costa Rica, especialmente a todas aquellas personas que están haciendo espectáculos de baile y canto, que imparten clases de baile y que todas las semanas organizan milongas en diversos lugares.

Hacia adónde va el tango en Costa Rica (2014...)

A la luz de haber aprendido tanto de la trayectoria de más de un siglo del tango en Costa Rica, siento empequeñecida mi perspectiva personal de lo que es el tango en nuestro país y sobre su futuro.

Milongas en Costa Rica
Y sin embargo hay algo que sé muy bien: hace nueve años cuando di mis primeros pasos de tango, tan solo había una o dos milongas cada mes. En cambio, en enero pasado hubo al menos diez milongas y para febrero ya hay programadas al menos quince milongas, todas organizadas por diferentes escuelas, promotores y aficionados al baile del tango argentino en nuestro país.

Es por ello que me atrevo a decir que en Costa Rica nunca antes se había bailado tanto el tango como ahora. Y este fenómeno, al igual que en todo el mundo, continuará creciendo.

Termino esta reseña agradeciendo profundamente a Mijail por este exquisito trabajo de estudio, investigación, recuperación y difusión de la historia del tango en Costa Rica.

Al prepararme para escribir esta reseña, confieso, me sentí varias veces intimidado mientras tomaba notas, consultaba referencias y leía cuidadosamente cada uno de los párrafos, citas, cuadros e ilustraciones de este libro: ¿Cómo podría yo, apenas un escritor amateur y aprendiz de bailarín de tango, escribir una reseña -como se la merece- de una obra tan erudita escrita por un filólogo y músico profesional? Encontré remedio contra mi inseguridad en descubrir el lazo común que creo que me une con el autor: la pasión de ambos por el tango.