Abracemos, hoy más que nunca.

"Cada abrazo, en cada tango, en cada milonga del mundo, es una afrenta contra el odio y la división."

Por Óscar Retana, 29 de enero de 2017.






En nuestro país cada día somos más y más las personas que nos entregamos en abrazos de tres minutos al compás de algún tango. Si hubiese sumado todas las horas del año 2016 que compartí abrazado, entregado, corazón a corazón, en un abrazo de tango, es probable que descubriría que los abrazos fueron la tercer actividad que más tiempo ocupó de mi vida durante el año, después de trabajar y dormir.

Las comunidades de tango en Costa Rica y en todo el mundo son tan diversas y hermosas que hasta olvidamos las inmensas barreras ficticias que estamos derribando en cada milonga, en cada tango, en cada abrazo.

Durante el año 2016 compartimos cientos de horas abrazados entre muchos costarricenses, pero también con muchas personas que nacieron en otras tierras. La cuenta de todas las barreras de nacionalidad y religión borradas por un abrazo en alguna milonga del mundo es interminable.

Recuerdo que he compartido abrazos o milongas con personas que han nacido en El Salvador, Honduras, Panamá, Nicaragua, Guatemala, México, Colombia, Brasil, Bolivia, Chile, Argentina, Uruguay, Canadá y los Estados Unidos. También con personas nacidas en Marruecos, España, Portugal, Francia, Inglaterra, Alemania, Italia, Grecia, Suecia, Ucrania, Latvia, Lituania, Turquía, India, Rusia, Vietnam, Corea del Sur, Japón y China. 

Como si se tratase de un universo “bizarro” paralelo, ésta ha sido una semana de acontecimientos aciagos, en que el odio y el miedo a quien es diferente, a quien viste diferente, a quien ama diferente, a quien habla un idioma diferente, a quien nació en una tierra diferente, a quien tiene un color de piel diferente y a quien profesa una religión diferente, se imponen vertiginosamente como la nueva realidad de política pública de naciones democráticas, no solo por el decreto de uno o varios líderes mundiales sino por las millones de personas de todo el mundo que los acuerpan.

Las comunidades de tango, como muchas otras comunidades diversas y hermosas del mundo, son una pequeña pero significativa afrenta contra esa otra realidad de odio y división. Las buenas noticias, como un abrazo entre dos personas de cualquier parte del mundo que apenas se conocen, rara vez ocupan primeras planas. No podemos permitirnos que esa otra realidad nos achicopale. Esas otras personas podrían cambiar su sentimiento de odio con tan solo recibir un abrazo.

¿Y quiénes conocen mejor el arte del abrazo, que quienes bailamos tango?

Pero la #RESISTENCIA contra el odio y la división requiere de más que abrazos. Actuemos ya, no hasta percatarnos de que la mitad de nuestro país también se dejó seducir por el discurso del odio y división como solución para los tantos problemas que nos agobian.